LA CHICA SIN NOMBRE

CAPÍTULO II

La visita que realizó Martín a la casa de la desdichada mujer, que era maltratada por su pareja, no fue todo lo positiva que deseaba, ya que se negaba a denunciar los hechos. Hacía pocos días que había abandonado el Hospital Municipal, donde le atendieron de las lesiones —no quiso decir el origen de aquellos daños—, a pesar de tener todavía la cara como un Ecce homo, donde un moratón le subía hasta el ojo izquierdo. Martín observó a Gely que a pesar del mal aspecto que presentaba era una chica de buen parecer. Su cara redonda le daba una sensación de cercanía que facilitaba la comunicación. ¿Cómo era posible que el animal de su marido fuera capaz de pegar a la muchacha que parecía todo dulzura? Cuando abandonó la casa de la maltratada mujer lo hizo lleno de amargura por saber que existían este tipo de hombres que, de manera continuada, maltratan a sus mujeres en la seguridad de que no serían denunciados. No obstante, Martín dejó en manos de la mujer una tarjeta con su teléfono por si, más adelante, pensaba ejercer su derecho a la denuncia por malos tratos.

Cuando contó a sus compañeros el resultado de la visita, éstos no pudieron estar más de acuerdo con su colega, al pensar que tipos como aquel, deber

—¿Qué sabe usted de esa muerte?

—¿Por qué le interesa tanto, joven estar encerrados por un plazo muy largo para que aprendieran lo que es estar bajo la maza poderosa de una mano más fuerte que la s

Tony puso sobre la mesa la documentación del caso de "la Chica sin nombre". Habían recogido unos meses antes del archivo todo lo concerniente a la investigación y ya le habían echado varias ojeadas los días precedentes. Dijo tener idea de por dónde empezar, que desde luego no era ni mucho menos, donde lo dejaron hacía ya cerca de tres años. Bien cierto que entonces se encontraron con muchos problemas por la falta de pruebas — obligándoles a cerrar el caso—, aunque lo cierto es que se dedicó mucho tiempo para su resolución, además de tener en contra al propio capitán Gonzales. Ahora sería distinto. Empezarían por acercarse al lugar de los hechos para averiguar entre las gentes de la vecindad algún indicio que los condujera a un punto de partida, con la información que les ayudó a solucionar el caso de Tartufo.

El inspector Baró mostró su conformidad con el planteamiento de su joven compañero y se repartieron las gestiones que deberían afrontar. Volverían a releer todo lo relacionado con aquel homicidio para empezar, nuevamente, con la investigación. Tony les entregó una copia que había sacado de las últimas conclusiones. Álex pidió tener todo el caso en su mesa para analizarlo desde el principio. Creía que se habían cometido algunos errores debido a las prisas que Gonzales les demandaba frecuentemente y que, junto a la inexistencia de pruebas, hizo que la desilusión condujera el caso hasta el archivo de los no solucionados.

Esta investigación no tenía por qué detener el trabajo en el departamento; había que seguir atendiendo los casos que llevaban entre manos y los que vinieran en lo sucesivo. Esta sería una ocupación extra. Así lo llamó Álex. Decidieron que cuando se refirieran a la chica asesinada, la llamarían María. Y, sobre todo, sería un trabajo llevado de manera privada, en el que nadie de la Jefatura supiera que lo estaban realizando, para evitar que la prensa metiera sus narices en la investigación.

***

Aquella mañana Tony se dirigió hacia el lugar donde había sido encontrada María, con la esperanza de añadir información a la que ya poseían sobre lo ocurrido unos años atrás. Cerca de la plazuela que abría un camino de tierra hacia el parque, se detuvo para observar el movimiento de gentes que pululaban por aquel lugar. Recordaba que era una zona poco transitada y en los días que ocurrieron los hechos estuvo muy frecuentada por gentes de todas las edades. Ahora sólo se podía ver a dos niños jugando con una pelota y al que podría ser su padre con ellos. Los pequeños de no más de cinco y siete años se divertían ignorando que, un tiempo atrás, allí donde ellos estaban correteando sin ninguna preocupación, fue encontrada una muchacha muerta. Tal vez podrían haber sido ellos el objetivo del asesino.

Más adelante, sentado en un banco, un hombre mayor leía un periódico. Tony se acercó y después de saludarle le preguntó si no le importaba que se sentara a su lado. El anciano acepto la compañía porque dijo ser un gran hablador y casi nunca encontraba en el parque a nadie con quien charlar. Pasaba muchas horas en aquel banco porque aquella zona era muy tranquila. El parque no estaba en muy buen estado, aunque era un lugar donde podía descansar y tomar el sol.

—Hola joven —dijo el viejo—. Puede sentarse aquí conmigo ¿Cómo se llama?

—Tony —contestó el agente—. No conocía este lugar, y ahora que veo que es muy tranquilo no sé si traeré aquí a mi sobrino para que juegue.

—Sí. Es un lugar tranquilo. Mucha gente ahora no viene porque aún recuerdan el desagradable incidente ocurrido aquí hace unos años. Este es un lugar poco transitado y los que vienen a pasear o jugar lo hacen acompañados de personas mayores y además porque viven en esos bloques de pisos que no tienen ni aceras en las que poder jugar a las chapas. ¿Usted juega a las chapas, joven?

—Si he de decirle la verdad, ahora ya no, pero siendo más joven sí que jugaba y lo hacía bastante bien.

—Yo sí que jugaba bien. Tenía un equipo con las fotos de los jugadores de mi equipo preferido, que había ido recortando de unos cromos y luego tapaba la foto con un cristal que sujetaba con parafina. Hacía la redondilla que era la envidia de los chicos del barrio. Ahora los chicos sólo juegan a la pelota y no saben hacer otra cosa que recorrer en pandillas las calles para saquear a alguna anciana que vaya sola. Por allí, medio ocultos entre la maleza, suelo ver a chicos de no más de doce años fumando en los recodos de las calles y en las esquinas. Es una pena que no tengan alguien que los lleve por la vereda del buen camino.

—Tiene razón, eso también ocurre en mi barrio. Son los nuevos tiempos. ¿Cómo se llama usted?

—Me llamo Julián. Vivo cerca de este parque y lo sé todo sobre él.

—¿Cuál es el asunto de ese incidente desagradable que ha mencionado antes?

—Habló mucho la prensa de él; y de pronto todo se calmó y nadie supo dar respuesta a las muchas preguntas que se hacían sobre aquella muerte. Fue una chiquilla de unos dieciséis años, creo, que fue encontrada muerta por estrangulamiento en un rincón de este parque. Yo la había visto alguna vez pasear por aquí en busca de alguien al que pudiera sacarle algunos céntimos.

—Y ¿habló usted con ella?

—No. Bueno, una vez sí. Yo era muy mayor para lo que ella quería de la gente a la que asaltaba pidiendo ayuda. Sí que recuerdo cómo era, porque tenía una cara angelical y, aunque iba muy mal vestida, era agradable verla pasar.

—Me he sentido interesado por ella después de lo que me ha contado sobre el barrio y de los chicos que deambulan por él.

—¿No hay ningún otro motivo?

—Sí. Tiene razón —Tony no tuvo más remedio que descubrir sus cartas—. Soy policía y quiero saber lo que ocurrió aquí en aquella ocasión. Hace ya mucho tiempo, es verdad, y tal vez ahora sea el momento de poder dar caza al asesino ¿No le parece?

—No creo que tenga la suerte de dar con alguien que hubiera sido testigo, y mucho menos con el asesino. Mucha gente dijo haber visto algo entre la maleza que salió corriendo cuando se acercó al parque. Creo que esas informaciones son hechas por individuos que quieren aparecer en los periódicos y llegan a mentir para lograrlo. No saben que con ello despistan a los agentes que están haciendo la investigación del homicidio y eso entorpece la labor policial. Yo ese día no estuve sentado en este banco como hago habitualmente porque esa semana era el cumpleaños de mi nieta que cumplía cinco añitos y lo pasé con mi hija en su casa. La noticia si me intrigó porque yo soy habitual en este parque; algo de él me pertenece porque le visito desde hace muchos años. En invierno solo paseo cuando no está lloviendo, aunque en primavera y en otoño suelo pasar largas horas sentado y leyendo. Suelo fijarme en las pocas personas que pasean por aquí y, la verdad, algún tipo raro sí que he visto.

—¿No vio nada sospechoso los días anteriores al del asesinato?

—Cuando ocurrieron los hechos, unos días antes y otros posteriores, yo no estaba aquí. Ya le he dicho que era el cumpleaños de mi nieta y estuve en la casa de mi hija, en Ciudad Real. Ahora que lo pregunta si quiero recordar que, al ser este parque tan poco transitado, cuando observas a algún extraño merodeando por aquí, se te queda grabado en la memoria. Recuerdo que un tipo que no era habitual estuvo rondando el parque durante unos días. Se paseaba cerca de los matorrales del exterior de la plaza, durante media hora más o menos. Luego se iba sin decir nada a nadie y regresaba a los pocos días para repetir el mismo paseo.

—¿Y no se lo comunicó a la policía? Hubiera sido muy interesante.

—Pues la verdad es que, como yo no estuve en las fechas de la primera investigación, no vi la relación de aquel individuo con el homicidio. Estuvo por aquí paseando muchos días antes de que ocurriera el asesinato. Es verdad que tenía una forma extraña de moverse y pretendía que no se le viera; entonces no le di mayor atención. ¿Puede ser importante esta declaración?

—Ya veremos Julián. Todo lo ocurrido en los últimos días es importante. Tenga en cuenta que el asesino suele estudiar el terreno con antelación para poder actuar con la seguridad de no ser descubierto. ¿Alguna otra cosa le llamó la atención en los días anteriores? ¿Quizá algún grupo de gamberros merodeando por el parque en busca de alguien al que molestar?

—No. Bueno ya le he dicho que poca gente suele venir por aquí. Los chicos de esta barriada sí suelen atravesarla para ir a sus casas. Un grupo que fuera sospechoso, no, no recuerdo haberlo visto.

—Bueno, pues muchas gracias. Si necesito volver a hablar con usted, ¿dónde puedo encontrarle?

—Aquí mismo. Suelo venir con mucha frecuencia.

—Gracias de nuevo y adiós, Julián.

Tony se alejó del parque algo más que contento. Tenía la impresión de que la conversación con Julián le llevaría por el buen camino hacia el encuentro con el homicida de la chica sin nombre. Era una desgracia que el abuelo no hubiera estado en la ciudad los días en los que ocurrió el asesinato, porque habría sido decisiva su declaración. No obstante, la información que recibió Tony en el parque era de vital importancia para iniciar nuevamente la investigación.

Tres años atrás y después de varios meses de persistente trabajo, se había detenido la búsqueda del asesino porque no existía ninguna prueba que pudiera relacionar a algún familiar con la fallecida. Por esa razón no se conocía su nombre, ni dónde residía habitualmente y ni siquiera si tenía familia a la que se pudiera recurrir para comunicarle el fallecimiento de la muchacha. Ahora, quizá, una tenue luz se abría en el horizonte que llenaba de esperanzas al joven policía, para poder hacer justicia en aquel caso que les ocupó mucho tiempo y del que salieron muy desazonados.

A los informes recogidos en los días del homicidio, se añadía ahora la información casual que Tony había conseguido aquella mañana. Pasaría por el despacho para comunicar al inspector Baró cuanto le había contado Julián y empezarían a revisar las pruebas, como si de un caso nuevo se tratara.


Para continuar leyendo acude a Amazon


¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar